¿Una escoba, un recogedor y un trapero?

La profesora Irene Salazar nos habla de cómo mejorar nuestros ambientes de aprendiazaje a partir de pequeñas práctias. A veces una escoba, un recogedor y un trapero, hacen la diferencia. 

Por: Irene Salazar

¿Cuántas horas del día, de la semana, del mes pasamos en el colegio? Es una cantidad significativa, ¿verdad? Sí, una gran parte de nuestro día transcurre en este campus. Y esa es una buena razón para buscar un ambiente de armonía, orden, belleza y que sea acogedor. Cada espacio se diseña con un fin específico, no hay dos salones iguales, porque no hay dos niños iguales, porque no hay dos maestros iguales, pero cada uno ha pensado en donde ubicar cada objeto, cada elemento para que todos podamos llevar a cabo un proceso de aprendizaje.

¿Qué garantizamos con esta puesta en escena? Que este lugar le provea al estudiante un espacio donde pueda concentrarse, donde pueda encontrar los materiales necesarios y donde pueda desplazarse con facilidad. Los materiales han sido cuidadosamente seleccionados de acuerdo con el tamaño, con la edad, con la necesidad del niño y con su utilidad. De tal manera que ese territorio abonado va a permitir que florezcan los intereses de cada niño para hacer de los procesos de aprendizaje una agenda fértil y apropiada para alcanzar las metas propuestas.

¿Quién quiere trabajar en un lugar desordenado, sucio y caótico? La limpieza y el orden son nuestros mejores aliados para llegar a estimular ese proceso de aprendizaje. Somos una comunidad y todos debemos colaborar en tener lugares armoniosos, creativos, estéticos, generosos y amables. Para María Montessori, inspiradora de parte de la filosofía que enriquece la oferta en los primeros años de nuestro colegio, actividades como barrer, limpiar, trapear, ordenar y recoger hacen parte importantísima de la cotidianidad de los pequeños.

pequeña escoba y recogedor

¿Por qué promover estas actividades? Porque son un reto. Son múltiples los beneficios, no solamente desde el punto de vista de desarrollo motriz grueso y fino, social y cognitivo, sino  porque estas actividades conducen a los tres pilares de la propuesta montessoriana: libertad, actividad, independencia. María Montessori las llamó actividades de vida práctica porque son movimiento, manejo espacial, coordinación, concentración y trabajo.

¿Quiénes lo gozan? Los que quieren hacerlo y son capaces de tomar decisiones como miembros activos y  participativos de la comunidad. Es decir, nuestros niños, los ciudadanos del siglo XXI que reconocen, respetan y valoran oficios, que alimentan el concepto de equidad y trabajo, con la certeza de que el aspecto lúdico nos hace mejores compañeros.

Y entre risas, todos  con la escoba, el recogedor y el trapero podemos divertirnos.

 

irena salazar

Irene Salazar

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