Maria Montessori, La guerra y el Gimnasio Moderno

Gracias al Centro de Documentación les compartimos esta joya de archivo: Carta de Mario Montessori, hijo de la gran educadora italiana, pidiéndole su ayuda a Don Agustín en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. 

 

Montessori don agustin

Maria Montessory y Don Agustín Nieto Caballero, fundador del Gimnasio Moderno

 

20  de septiembre de 1938

Señor Don Nieto Caballero

Gimnasio Moderno

Bogotá

 

Estimado Señor y Amigo,

Me dirijo a Vd. Para pedirle si hubiera la posibilidad de interesar al Gobierno de Colombia u otra entidad a hospedar y a dar medios de trabajo a la Dra. Montessori en el caso en que una guerra fuera declarada aquí en Europa.

 En ese caso ella podría establecer allí un Centro Internacional de su obra. Considero mi sagrado deber de dirigirme a todos los que han conocido la Dra. Montessori y su obra para rogarles de ayudarme a prolongar su vida y de asegurarle la posibilidad de continuar un trabajo que ha sido y será siempre más precioso para un mejor porvenir de la humanidad. En el caso que Vd. considerara  oportuno que yo escribiera directamente, le agradecería me quisiera indicar a quién y bajo qué  forma tendría que dirigirme, especialmente si se tratara de apelar al Gobierno  de la República.

Dándole las gracias anticipadas, me repito de Vd. agradecidísimo amigo y s. s.

Mario M. Montessori

 

El paraíso no es perfecto pero es este

Compartimos esta reflexión de la profesora María Carolina Aldana sobre sus primeros meses en el colegio, sus emociones y experiencias sobre un colegio que se vive por primera vez. María Carolina llegó este semestre para apoyar el programa de bilinguismo y entregar toda su experiencia a los niños. 

 

ed_principal colegio

 

Por: Maria Carolina Aldana

Quiero contarles la historia de cómo llegué a este colegio, el Gimnasio Moderno, y lo que he vivido desde entonces.
Hace unos meses, después de 13 años de trabajar en colegios, estaba sintiendo algo que los psicólogos llaman “Síndrome Burnout”. Esto les sucede a los profesionales que tienen un trabajo que es demandante permanentemente. Como ustedes sabrán la profesión que elegimos, la de ser profesores, es permanentemente demandante. Digo que estaba empezando a sentirlo porque no había llegado a ese punto en que sentía agotamiento mental, pero sabía que si no me tomaba un descanso, ese era mi destino.
Decidí entonces tomarme un descanso y renunciar a mi trabajo, dejar por un tiempo algo que disfrutaba mucho hacer, pero que estaba poco a poco agotándome. Empecé entonces mis vacaciones “sin fin”. Pongo comillas en el sin fin porque, al menos en ese momento, no era claro cuándo iban a terminar. Estaba viendo otras opciones que no eran colegios, pero realmente no tenía claro lo que quería.
Dos semanas después de haber empezado estas vacaciones, estaba empezando a aceptar mi nuevo estatus de “desempleada” (o “independiente” como sale en los formularios de la EPS) y de repente recibí un mensaje que era enviado por Constanza Diaz Plazas (arroba Gimnasio Moderno punto Edu punto Co), titulado “Teacher Position”. Risa nerviosa, muchas risa nerviosa. Después de eso pensé que a pesar de que ya estaba aceptando mi nuevo “estatus” y disfrutando estas vacaciones, que tan sólo llevaban dos semanas y media (menos que el tiempo regular de vacaciones de fin de año escolar), podía ir a ver qué me ofrecían y para qué curso era. No estaba muy segura de querer terminar mis vacaciones tan pronto, pero pensé que no me haría daño ir a ver de qué se trataba. Y fui. Y tuve 5 entrevistas en un mismo día. Y con cada cosa que escuchaba sobre el colegio. Sentía que había llegado a un gran lugar, pero, creía que no podía pensar así hasta que no lo viviera (o mejor, estaba segura de esto). “Ver para creer”, como dice el conocido dicho. En la tarde estaba confirmado: el Gimnasio Moderno me quería ahí y yo quería aceptar el trabajo.
Esa noche dormí, no recuerdo qué tanto, porque estaba nerviosa. Y en la mañana estaba aún más nerviosa. Llegué derecho a buscar a “Goga”, única profesora que en ese momento conocía y me había contado cosas muy buenas respecto al ambiente laboral del colegio. Finalmente, la vi y me senté junto a ella. Estaba aún más nerviosa porque sabía que me iban a presentar frente a todos los profesores (algo que me había confirmado Juan Sebastián Hoyos en el último correo del día anterior) y, como dije en el micrófono (lo único que medianamente pude balbucear en medio de los nervios), yo no era nueva en ninguna parte hace diez años.

Ese fue el primero de varios días increíbles. Desde la primera reunión, todos, sin excepción, ya sabían que yo era nueva y sabían mi nombre. Todos, sin excepción, me saludaban y me ofrecían apoyo y ayuda. Sí, todos, todos sin excepción. Eso para mí era algo muy extraño. Generalmente era yo la que ofrecía apoyo y ayuda a los nuevos, y era muy raro para mí estar del otro lado, tan raro como era el estar recibiendo este ofrecimiento de tantas personas a la vez. Algo a lo que realmente no estaba acostumbrada. Pero me sentí muy apoyada y tranquila de saber que empezaba este proceso de aprendizaje y, lo más importante, ¡no estaba sola!

Después de este primer día, llegaron más días llenos de sonrisas amables, confianza, momentos agradables y aprendizajes. Más de una vez, cuando me preguntaban cómo me sentía, mi respuesta era: “Siento que estoy en el paraíso”. Algunos incluso me preguntaban: “¿Estás segura de que no es simplemente por la luna de miel? Puede ser que sientas que todo te gusta y que todo es perfecto”. Mi respuesta era un simple ‘No’.

Cada día (o bueno, cada día de por medio para que no suene exagerado) algo nuevo me sorprende, positivamente. Me encontré con varias gratas sorpresas cuando llegué, y luego me he seguido encontrando con más de esas sorpresas.

Decía en el título que el paraíso no es perfecto porque podrá pasar que más adelante encuentre cosas que no me gusten del todo, cosas que desearía cambiar, pero ahí está el detalle. El paraíso no es perfecto. Para mí, el paraíso es ese lugar en el que puedes encontrar cosas que no te gustan, pero que tienes la capacidad de ayudar a mejorar y ser parte de la solución. Tus ideas son aceptadas y tenidas en cuenta. Y eso es lo que yo he sentido desde que llegué a este colegio. Siento que si hay algo que me molesta, o se me dificulta, puedo buscar ayuda, puedo proponer una solución y ser parte de ésta (mi voz suena y tiene eco). Siento que hay todo un equipo que lucha para que tengamos las mejores condiciones laborales y así podamos trabajar con y por los estudiantes y ayudarlos en su proceso personal, social y académico. Siento que ésta es una gran comunidad.

Seguramente habrá algo que no vea tan bueno, en un futuro que no creo cercano por ahora, y en ese momento sabré que existe un equipo de trabajo con el que puedo contar, al que puedo acudir y que estará pendiente de que todo funcione para que los profesores (no sólo yo) tengamos un ambiente laboral agradable, así como “Goga” me lo dijo hace unos meses.

¿Será que algún día esta sensación de paraíso terminará? No lo sé. Y no quiero predisponerme a pensar que así será. Quiero ser, dar, apoyar, ayudar, y recibir también, para poder hacer parte de la gran comunidad Gimnasiana.

María-Carolina-Aldana-Directora-de-Curso-en-Preescolar

Lecciones de Poesía para Niños Inquietos: “Aprender a mirar”

 

Libro de Luis Garcia Montero

 

Compartimos este hermoso fragmento de la última publicación de Exlibris, “Lecciones de poesía para niños inquietos”, escrito por el poeta español Luís García Montero e ilsutrado por la artista y profesora del colegio Cristina León. Luis García Montero, uno de los poetas definitivos para entender la poesía de hoy, nos presenta esta hermosisima reflexión sobre la importancia de la poesía para educar la mirada de los niños.  

Por: Luis García Montero

Luis garcia montero

 

Luís García Montero (tercero de izquierda derecha) en la reciente edición de Las lineas de su mano 

Aprender a mirar

LO más importante para cualquier artista es aprender a mirar. La poesía siempre nace de una mirada, porque los versos, las metáforas, los adjetivos precisos, las palabras mágicas, los juegos y los cambios de sentido son una forma especial de ver el mundo.

Hay gente que anda por la calle sin curiosidad, con los ojos cerrados y los oídos más duros que una piedra, como si no les interesara nada de lo que pasa a su alrededor. Algunas personas pueden vivir muchos años en un edificio sin enterarse de cómo se llama el perro del vecino, la hija del portero, el señor de la tienda de la esquina. Nunca saben el número de hormigueros que hay en el callejón, ni conocen los árboles del parque que tienen nidos. Cuando entran en una cafetería, no se quedan colgados de las conversaciones de la mesa de al lado. Y mira que son siempre entretenidas las mesas de al lado, con hombres y mujeres que cuentan historias rarísimas de sus familias y parejas de novios que se dan besos y se dicen palabras cursis, a veces demasiado cursis, mirándose a los ojos.

Es muy importante aprender a mirarse a los ojos y aprender a mirar el mundo. Porque tampoco basta con la curiosidad. Los artistas son unos tipos muy curiosos que han aprendido a mirar bien. Los poetas son unos curiosos que han aprendido a mirar bien y a contar lo que han visto con sus propios ojos. Los poetas también miran mucho las palabras que utilizan, pero sobre eso hablaremos luego.

Ahora estamos hablando de la curiosidad y de aprender a mirar bien. Primer consejo: que no se note que estás oyendo o mirando, porque las personas de la mesa de al lado suelen enfadarse mucho y callarse cuando notan que las espiamos. Un indiscreto es un curioso tonto, y nosotros no podemos ser tontos, porque acabaríamos escribiendo en diminutivo sobre los animalitos. Segundo consejo: saca tus propias conclusiones. Hay por ahí mucha gente que va vestida de rey o de explorador de selvas peligrosas o de multimillonario con minas de diamantes… y luego nada de nada. A veces las cosas no son lo que parecen. Podemos llevarnos muchas sorpresas, porque la realidad tiene mucho de teatro y está llena de cambios imprevistos. El verano se hace otoño y hay que volver sin más remedio al colegio, el otoño se hace invierno y debemos encender la calefacción, el frío se vuelve de pronto primavera y los jardines estallan como un petardo de flores y de parejas de novios que se miran a los ojos. Debemos tener cuidado con los disfraces del mundo y con lo que cuenta la gente en la mesa de al lado. Aprender a mirar y a oír significa aprender a sacar nuestras propias conclusiones. Y significa también aprender a darnos cuenta de muchos detalles, de muchos cambios en el disfraz de las calles y los jardines, que un día se visten de verano y otro de otoño. Ocurren muchas cosas que nos pasan desapercibidas por falta de curiosidad.

 

Ilustración aprender a mirar

Ilustración de Cristina León

amos a inventarnos a un niño muy curioso que está aprendiendo a mirar. ¿Qué nombre le ponemos? Juan, le ponemos Juan como su padre, y así nos inventamos también al padre del niño curioso que está aprendiendo a mirar.

Como todos los días que tiene colegio, Juan se ha levantado esta mañana a las ocho menos cuarto. Es muy curioso, un verdadero mirón, así que ha estado mirando la cara de su padre mientras le preparaba el desayuno. ¡Qué ojeras! Su padre no ha dormido bien, seguro, segurísimo, porque cuando no duerme bien se le ponen los ojos como dos charcos de agua morada. Tal vez tiene una preocupación, tal vez estuvo trabajando hasta muy tarde, tal vez estuvo en una fiesta y no se acostó a su hora. El caso es que esta mañana se ha tomado dos cafés, con los ojos como dos charcos de agua morada. Conclusión: el padre de Juan no estará de buen humor, porque la falta de sueño es igual que un enfado que se mete en la cabeza, una travesura del reloj despertador que nos pone la zancadilla y nos hace levantarnos indignadísimos. Juan comprende que hay que actuar con prudencia sin meter la pata: vestirse rápido, desayunar bien, lavarse, hacer la cartera, no olvidarse nada importante, no decir en el coche que hay que volver a la casa a por el libro de matemáticas. Los padres están más regañones cuando se levantan con ojeras.

Juan se ha dado cuenta de que a las ocho y media de la mañana, cuando su padre lo lleva al colegio, hay algunas cosas que se repiten como un tiovivo. El vecino del cuarto saca a su perro a pasear y compra el periódico en el quiosco de la esquina. Son las ocho y media. Una madre con tres niñas sube la calle en dirección a un colegio desconocido. Son las nueve menos veinticinco. Como Juan es muy curioso, se pregunta todos los días por el colegio al que irán las tres niñas. ¿Será el de su primo Carlos, que está en Plaza Nueva?

El semáforo de la plaza siempre se pone en rojo a las nueve menos cuarto. Los mayores cruzan con mucha seriedad y teatro camino de su trabajo, pero si miramos bien descubriremos bastantes ojeras, chaquetas mal abotonadas y zapatos con los cordones desatados. Lo que más le divierte a Juan es ver cómo un señor muy trajeado, con una corbata muy oscura y un maletín de ministro, se pone a correr a las nueve menos trece, porque el semáforo está parpadeando, a punto de ponerse verde para los coches, y él quiere cruzar ya, sin esperar otro turno. Igual llega tarde a su trabajo. También se ve correr a las personas mayores en las paradas del autobús, cuando van a perder el suyo. ¿A que es raro ver cómo corren las personas mayores por la calle? Si tienen prisa, pierden un poco los nervios y se ponen a correr en traje de chaqueta, sin pantalones de deporte, como si fueran atletas improvisados.

Bueno, son las nueve menos doce y el semáforo está ya en verde. La luz redonda del semáforo en verde se parece al ojo de un padre que ha dormido bien. El semáforo en rojo se parece al ojo de un padre que ha dormido mal. Descubrimos todas estas cosas cuando miramos con atención por la ventanilla del coche.

Y descubrimos otras muchas cosas. La gente pasa por la calle sin fijarse en los letreros de las tiendas antiguas, en los anuncios; en los tablones de madera que cuelgan de las ventanas de las oficinas. En un balcón han colocado este letrero: «Habilitación de clases pasivas». ¿Qué es eso? ¿Tienes curiosidad? Pues pregúntaselo a tu padre, pero será mejor que esperes a una mañana sin ojeras. ¿No te parece? Y ese otro cartel: «Desayunos a diez pesetas». Vaya, ¿de qué época será? ¿Cuánto tiempo hace que cerraron ese café, en el que desayunar costaba diez pesetas?

A las nueve menos diez, Juan y su padre pasan por un edificio antiguo, que tiene en el tejado la estatua de una reina. Es una mujer con una corona, así que será una reina. Grande, fea, como una muñeca levantada en el cielo. Menuda sorpresa el día que la descubrió, porque Juan había pasado cien veces por el mismo sitio sin darse cuenta. Iba con los ojos abiertos, pero no había aprendido a mirar.

Ahora, antes de llegar al colegio, una reflexión muy importante. Los reyes hacen que suenen sus tambores cuando quieren llamar la atención del público. Los conductores tocan el claxon cuando necesitan avisar a los peatones. Los poetas utilizan a veces la rima:

Señoras y señores, atención,

atención, por favor, mucha atención,

que quiero hacerles una reflexión

sobre las hormigas del callejón.

Ahí va la reflexión. Es un ejemplo de animales, pero sin diminutivos. Las hormigas del callejón que hay detrás de la casa de Juan están siempre transportando trozos de comida a su agujero. Juan las ha visto muchas tardes, cuando baja a la calle a tomarse la merienda con sus amigos. Las hormigas no rompen la hilera nunca, no se paran, no tienen tiempo para jugar. Vamos a imaginar que una hormiga se olvidase por un día de la fila, del hormiguero y de la comida, y subiera por el tronco del árbol más alto del parque hasta llegar a la copa. Si fuese de día, la hormiga descubriría la torre de la catedral, la fuente de Plaza Nueva, las casas altas y viejas de la Gran Vía, el campo de fútbol y el quiosco donde el vecino y su perro compran todas las mañanas el periódico a las ocho y media. Si fuese de noche, la hormiga descubriría la luna, las estrellas, las casas iluminadas y los semáforos.

¿A que merece la pena aprender a mirar?

Nosotros hemos terminado la reflexión y Juan acaba de llegar al colegio a las nueve menos cinco. La maestra llega al mismo tiempo, y no tiene ojeras, una señal estupenda de que la mañana será buena y sin regañinas.

cristina leon ilustracion

Ilustración de Cristina León

A fuerza de mirar, Juan ha descubierto muchas cosas de su ciudad. El mundo parece un reloj, se puede saber la hora cuando vemos al vecino comprar el periódico, cuando la madre sube la calle con sus tres niñas en busca de un colegio, cuando el señor de la corbata seria y el maletín de ministro corre para cruzar el semáforo y cuando el coche pasa por delante de la estatua de la reina.

Otras cosas, sin embargo, cambian. ¿Cuánto tiempo hace que cerraron el café en el que se desayunaba por diez pesetas? Recordadme después que os hable del tiempo, porque es importantísimo para la poesía. Pero ahora vamos a seguir con la mirada.

 

cristina leon

Cristina León

El Gimnasio Moderno en Congreso Mundial sobre Violencia Escolar

La semana pasada se celebró el 6°Congreso Mundial sobre  violencia escolar y políticas públicas: de la violencia al bienestar escolar, en la ciudad de Lima Perú.

Este evento auspiciado y promovido por el Ministerio de Educación de Perú y El Observatorio de Violencia Escolar de Francia, contó con la participación de 1000 personas de 25 nacionalidades. Maestros, psicólogos, sociólogos y pedagogos se congregaron para abordar este tema que cobra especial relevancia en la actualidad.

Más de 56 exposiciones y 10 conferencias magistrales estuvieron a disposición de los participantes e invitados durante tres días, 7 salas, en 4 idiomas diferentes.

La psicóloga Marisol Gómez representó al Gimnasio Moderno. El comité científico del Congreso eligió al proyecto  Tratémonos Bien dentro de la categoría de propuesta novedosa en intervención, con el video #En el Moderno Soy Capaz de Tratar Bien y todas las estrategias que antecedieron su implementación.

 

Marisol Congreso

 

Esta fue una maravillosa oportunidad para compartir experiencias, así como los avances en investigación en materia de promoción de buen trato, clima y bienestar escolar.

 

Marisol y Julian Congreso

Pompilio Iriarte Cadena

Iza Bandera el maestro Pompilio Iriarte Cadena quien lleva 43 años en el Gimnasio defendiendo la escritura y el humor como filosofía de vida, de “hacer fácil lo dificil”, como decía el Prof Bein sobre los grandes maestros.

José Eleázar Leal

Esta semana Iza Bandera el maestro José Eleázar Leal Mora quien durante más de 54 años se ha encargado de reunir a la juventud para cantarle a la vida.